29 abril, 2026

Abuso intrafamiliar: una condena que marca un precedente y una víctima que alza su voz

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La Falda, Córdoba – Después de un proceso judicial que se extendió durante ocho años, Giuliano Pallotti, acusado de abuso sexual con acceso carnal en perjuicio de su primo menor de edad, fue condenado a siete años de prisión efectiva, trasladado desde la comisaría de La Falda al penal de Cruz del Eje.

La víctima, hoy conocida como Jonás, relató en primera persona el calvario que comenzó cuando tenía apenas 8 años y cómo enfrentó no solo a su abusador, sino también al silencio familiar y los obstáculos del sistema judicial. Su historia, lejos de ser un caso aislado, refleja una problemática profundamente arraigada: el abuso intrafamiliar y la revictimización que muchas veces sufren quienes se animan a hablar.


Un largo camino hacia la justicia

El abuso ocurrió en 2008. La denuncia fue presentada en 2012, y la condena llegó recién en 2020. Durante ese lapso, Jonás atravesó múltiples pericias físicas y psicológicas, sesiones de terapia, y tuvo que revivir una y otra vez los hechos en declaraciones judiciales.

“Me hubiese gustado que haya más contención por parte de la justicia. A veces te mandan una carta para que vayas al psicólogo, pero hay gente que no tiene cómo pagarlo”, expresó.

Uno de los momentos más difíciles fue reencontrarse cara a cara con su agresor durante el juicio oral:

“Sentirle la voz de nuevo me quebró. No me importaba lo que creyeran los jueces, yo lo hice por mí, para sanarme. La justicia me creyó, pero no me sentí feliz, solo quería que todo termine.”


La importancia de la contención y la visibilidad

Jonás, quien hoy vive con una identidad de género afirmada y nueva documentación, sostuvo que el acompañamiento psicológico fue clave para sobrellevar el proceso. También remarcó la importancia de que las escuelas, hospitales y espacios públicos estén preparados para brindar ayuda a víctimas.

“A las víctimas les digo que no se queden esperando que la justicia caiga del cielo. Que se muevan, que busquen ayuda donde sea. Y a los papás: siempre crean en sus hijos.”

Además, pidió más educación en los colegios sobre abuso, género y salud mental:

“Hay que romper el silencio. Los secretos familiares no deben existir más. A mí me decían que era ‘un juego de niños’… un juego de niños con una pistola en la cabeza.”


Un proceso judicial complejo, pero necesario

Desde la justicia, el abogado querellante explicó que, pese al paso del tiempo, se logró reunir pruebas contundentes, incluyendo pericias psicológicas y psiquiátricas, tanto a la víctima como al acusado. También se logró evitar la impunidad al agotar todas las instancias judiciales, incluso la Corte Suprema, que deberá resolver la admisibilidad del último recurso.

“Los autores de estos delitos creen erróneamente que será su palabra contra la de la víctima. Pero hoy el sistema cuenta con herramientas científicas y legales para probar la verdad”, expresó el letrado.


Reflexión final

Este caso no solo culmina con una condena judicial, sino que deja una enseñanza social profunda. La lucha de Jonás demuestra que sí es posible acceder a justicia, aunque el camino sea largo y doloroso. También visibiliza la urgencia de un sistema judicial más humano, ágil y preparado para contener a las víctimas, especialmente cuando son menores de edad.

“Hoy soy libre. Y aunque me queda camino por recorrer, estoy viviendo con ganas, sabiendo que se hizo justicia”, concluyó Jonás, emocionado.

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